Pequeño sol nocturno
Derrama tu rosa esencia sobre mí, sobre ti también
Iluminiscencia eterna
Abrázame y abrásame en el fuego violento,
En el fuego desatado de unas piernas danzantes.
Ausente de culpas, de moral y de antiguas escrituras, podrás entonces distorsionar el presente prescrito; dejando que caigan las dudas, convirtamos a la imaginación en un absurdo mito.
Cuando todo cae, yo me levanto a verte y la belleza me inunda los sentidos, en ese momento me quedo sumergido en un río inerte, envuelto en un tornado lleno de flores con aromas hipnotizantes, un mar de clarísima belleza indomable.
Puedo observar todo entonces, los montes, los valles, los bosques espesisimos, descubro también cascadas de oro inexploradas y al sumergirme en ellas, siento que algo en mí rejuvenece.
Reuniendo y alterando los sentidos, vemos entonces con otros ojos, cada quien se observa desde el otro extremo.
Desnudos en la intemperie nos adentramos en un vórtice que resume todo como un destino viable y certero, tomándonos cada uno del interior del otro, como quien se niega a soltar las estrellas aunque te lleven lejos de ti mismo; en un instante, como dos líneas separadas por muchísimo tiempo, nos unimos en un infinito vértice lunar, que nos declara que algo hemos ganado porque de dos, ahora somos uno.
Luego Pierdo la habilidad de distinguir lo real, pero reconozco el paraíso, porque lo imagino cada vez que le rezaba, a él y a la eterna salvación.
Abro una puerta, tan ligera como una nube y solo me asomo un poco, solo un poco, con una culpa de pecador, de agente invasor, de huésped indeseado; sabiendo que no merezco ni un poco mi estancia ahí;
En un momento todo me es denegado y comprendo que es por el dolor de la humanidad, que te invade, que me invade, que nos invade y agradezco la liviandad de la caída a lo terrenal.
Regreso a mi mundo en donde solo era la mitad de uno, siempre incompleto.
Descubro entonces a mi caída, que soy distinto, que el paraíso me ha cambiado, nuevo aroma primario y maravillado logró sentir la belleza en todo, sé ahora que un abrazo en la oscuridad, un llanto percibido a las 3 am, una conversación hecha de susurros, 4 piernas entrecruzadas,miedosas, y la compañía de alguien, aunque ese alguien se lleve por dentro, calan como estar solo una noche fría de invierno y golpea el alma como el choque de una ola en la espalda en cualquier playa; no pude ni prepararme porque todo pasó en un instante, solo al caer lo supe, al ver mis manos tan vacías y al sentir mi pecho tan falto de tu interminable luz, decidí pequeño sol nocturno luchar por volverme tu ancla y pedirte que te vuelvas la mía.
Desperté y no entiendo si todo paso de verdad o solo fue un sueño, pero sé, con ayuda de una brisa ligera que llega a mi sigilosamente a través de la buhardilla, que aquí estoy seguro y no, no voy a moverme.