mis poemas siempre empiezan
y terminan así:
el chico bueno que se enamoro
de la mujer perfecta que poco
a poco fue atrapándolo en sus
garras hasta destruirlo y
para bien o para mal convertirlo
en el hombre que es hoy.
Lo que mis poemas no dicen,
es que ese hombre soy yo,
ese chico, aún vive en mi
yo te odio con tanta fuerza
y el te ama igualmente fuerte
Por eso debería ser suficiente con
decir que soy una persona
fuertemente rencorosa, que al odiarte
te ama insuperablemente,
para mala suerte mía y de cualquier
pequeño poeta, que en la tinta-por no
decir sangre- que llevo dentro,
soy un romántico empedernido y
soñador; que al amarte, casi como
un reflejo, odia cada centímetro
de tu existencia.
y tú, vagando por tu vida
sin acercarte a mis órbitas grises;
y tú, que mataste a la chica de la cual
me enamore, y perpetuas con rigor,
sin empatía ni moral, a la mujer que fuiste,
temo por ti, temo por que un día te des cuenta
-a más de medio camino de tu vida-
que no sabes quien eres,
quien murió y quien vivió por ti,
para ti;
que no recuerdes el significado de los perdones
o tal ves las palabras vacías que dijiste,
las falsas promesas, "nunca más te haré daño"
(extrañamente te volvería a creer).
pero no solo tengo miedo por ti, tengo miedo por
los que te rodean, por que al final, todos tengan
miedo de acercarse a ti, de que salgan quemados.
Un día,
espero sin esperar,
deseo sin desear,
disfrutaría sin gusto ni placer,
que te topes con un chico agua,
y te ahogues mujer fogata,
hasta ser cenizas,
y te deslices por las alcantarillas
y no vuelvas nunca más,
a mi,
a nadie.
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